Armando de Ramón
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José Armando de Ramón Folch
6 de Febrero de 1927 - 29 de Febrero de 2004
Armando de Ramón, nació bajo el nombre de José Armando Manuel el 6 de febrero de 1927, en el seno de una familia santiaguina acomodada. Su padre, Armando de Ramón Correa (1898-1973) era agricultor y su madre, María Folch Herrera (1905-1977), se ocupaba de atender su casa como hacían la mayoría de las mujeres burguesas de la época. Armando fue el mayor y único hijo hombre de la familia que pronto se incrementó con el nacimiento de Victoria e Inés de Ramón Folch.
Armando creció escuchando las historias de muchas de sus tías a quienes oía con devoción tratando de imaginar los eventos remotos que le relataban. Siempre recordaba que dos de sus tías, Virginia Herrera Parroisien (hermana de su abuela materna) y Elia de Ramón Correa (hermana mayor de su padre), le habían regalado relatos que siempre contaba a quien quisiera escucharlos.
Como su familia residía en el barrio Yungay, sus estudios primarios los realizó en el Liceo Alonso de Ercilla de los hermanos Maristas y los secundarios en el Liceo Amunátegui. Egresado, siguió la carrera humanista que todos los jóvenes de su situación social seguían, es decir Leyes. Como era católico, su impulso inicial fue estudiar en la Universidad Católica pero a poco andar resolvió cambiarse a la Universidad de Chile desde dónde egresó como abogado. A este respecto siempre recordaba que nada pudo cambiar su fe y su firme resolución de vivir como católico. Ni la pacata educación de los Hermanos Maristas que motivó el que su madre lo enviara al Liceo Amunátegui, ni la pobre formación que recibió el primer año en la Universidad Católica. Para él, ser chileno y no ser católico era una contradicción que no lograba entender.
En la Universidad Católica conoció a quien fuera su mentor, Jaime Eyzaguirre, a quien Armando reconocía como su segundo padre, aquel que le enseñó el oficio de historiador y a quien siempre tuvo el mayor respeto profesional. A pesar de su cambio de Universidad, permaneció siempre en contacto estrecho con su maestro quien lo impulsó a dar sus primeros pasos en la historia, primeramente insistiéndole en que desarrollara una investigación sobre Diego de Almagro la que tituló “Descubrimiento de Chile y compañeros de Almagro”. Asimismo, lo apoyó en su incorporación a la Academia Chilena de la Historia, organismo al que perteneció durante toda su vida profesional.
Egresado de su carrera, pensando en profundizar sus estudios sobre Historia del Derecho, viajó a Madrid para seguir cursos de postgrado en el tema pero pronto se desilusionó del bajo nivel de sus profesores y resolvió ocupar su tiempo en la que era su real pasión, los archivos y documentos históricos. Así, viajó a Sevilla instalándose en el Archivo de Indias durante largos meses del año 1956 en compañía de su amigo de juventud, el historiador Gabriel Guarda OSB. En aquel viaje también conoció a quien fuera su compañera de vida, Ema Acevedo Fagalde, con quien se casó a su regreso a Chile en noviembre de 1958.
Ya nacidos sus dos hijos mayores y afectado por una crisis vocacional profunda motivada en el ejercicio de la profesión de abogado que no le agradaba en absoluto, gracias al apoyo de su compañera, realizó el postgrado de Sociología que por entonces se impartía por primera vez en Chile bajo el auspicio de Flacso. Así se inició su carrera como funcionario de gobierno, militando en la Democracia Cristiana y realizando diversos trabajos como sociólogo. Estuvieron dentro de sus actividades su participación en la fundación del SENDE (actual SENCE) y en la desaparecida CORA, Corporación de la Reforma Agraria. Siempre recordaba con mucho cariño esta última institución pues le permitió, según decía, recorrer hasta el último rincón del campo chileno, a cargo de una encuesta que se realizó para determinar las acciones de la Corporación. Esta actividad se unía a los recuerdos y experiencia personal en el campo de la zona central donde creció viendo a su padre trabajar y con los recuerdos que contaban sus tías, ambas ligadas a la vida de los terratenientes a través de experiencias familiares en Maule y Colchagua. De manera que para él, esa experiencia fue central en lo que sería, más adelante, su definición política y de valores personales.
Hacia fines de los años 60’, Armando había evolucionado en sus ideas políticas de manera que presentó su renuncia a la militancia en la Democracia Cristiana y se acercó a partidos de izquierda que por entonces surgían en el bullante ambiente preelectoral de los años ’70. Coincidió aquello con la organización del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile donde comenzó a trabajar gracias a una invitación del entonces rector Fernando Castillo Velasco. Desde ese momento en adelante, Armando de Ramón comenzaba a ser quien siempre había anhelado ser; tenía poco más de 40 años de edad.
A partir de ese momento, se inició una carrera incesante de investigación y trabajo universitario delirante. Armando vivía su día entero dedicado a la historia: la historia era su pasión y su refugio. Leía sin cesar, investigaba todo el tiempo, escribía y hablaba de historia siempre. El mundo del pasado era, a veces, más su mundo que el actual; vivía comparando lo que ocurría hoy con lo que pasaba antes, porque él las había visto años atrás o las había conocido a través de los documentos que había consultado o a través de los testimonios que había recibido. Así, nuestra familia vivía rodeada de libros y cajas de fichas derivadas del trabajo propio y de los ayudantes que poblaban la casa como uno más de sus habitantes. Todos, en torno a la mesa siempre generosa, escuchando los relatos de Armando, una y otra vez, admirando su memoria privilegiada y las interpretaciones que realizaba desde su conocimiento profundo y directo de Chile y su gente. Tal vez por eso, tantos y tantas lo echamos tanto de menos.
La vida de Armando de Ramón fue larga y fructífera: de aquel proverbio oriental lo realizó todo: plantó un árbol, escribió un libro y tuvo un hijo. Habría que decir, eso sí, que de todo eso fue más de uno. Fueron tres hijos, trece libros, varias decenas de artículos y plantó muchísimos árboles a lo largo de su vida: significaban mucho para él aquellos que plantó en su parcela de La Reina. Pero lo que nosotros más recordamos de su personalidad son los riesgos que tomó en su vida y la lealtad que mantuvo con aquellos a quienes quería. Siempre recordaba que cuando era joven no le quedó otra alternativa que ser conservador: era católico, de familia acomodada, de larga tradición campesina, abogado y debía ser conservador. Pero que con el tiempo se dio cuenta de las contradicciones que aquellas creencias políticas tenían respecto al mensaje cristiano y a su propia formación valórica. Así que eso lo llevó a militar en el partido Demócrata Cristiano y más tarde en los partidos de izquierda que sentía (y sintió siempre), más cercanos al mensaje cristiano que él veneraba. Nosotros, sus hijos, pensamos que su lealtad hacia nosotros, hacia nuestra madre y hacia sus amigos, incluso su lealtad hacia sus valores, el ser un hombre recto y honesto, como él mismo decía, un caballero, es lo que lo hará siempre inolvidable.
Currículum Armando de Ramón
Currículum extenso Armando de Ramón
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ExLibris, Armando de Ramón
Santiago de Chile - 2011 - emma.deramon@gmail.com